Articles on inundaciones
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En la Antigüedad, en la ciudad de Roma confluían diversas corrientes de agua que favorecían el comercio y el desarrollo, pero también ponían a la población en riesgo.
En numerosas ocasiones, los daños que producen las grandes riadas son debidas, no a la profundidad o tiempo de sumersión en el agua, sino a los impactos y el enterramiento bajo elementos en flotación y sedimentos arrastrados.
Es necesario establecer una interacción más fluida entre agencias meteorológicas, gestores de emergencias e investigadores para dar respuesta a una necesidad social acuciante.
Para afrontar unos acontecimientos como los vividos los pasados días en Valencia tras la DANA no solo hacen falta equipos de rescate cualificados: el verdadero reto es devolver a la población a la situación anterior con el menor impacto posible para su salud.
Las condiciones meteorológicas y la urbanización de los cauces y ramblas fluviales han sido los principales culpables de la destrucción causada por la DANA del pasado 29 de octubre. El fenómeno se repetirá, ¿cómo podemos prepararnos?
Las inundaciones catastróficas están aumentando en gravedad, duración y frecuencia. Pero no es solo por el cambio climático: los cambios en el uso del suelo y el relieve también contribuyen a desastres como el ocurrido en Valencia.
El calentamiento de los océanos y de los polos debido al aumento de las temperaturas globales inducido por el hombre está intensificando los fenómenos meteorológicos extremos.
La geología y, en particular, el estudio de las paleoinundaciones, puede estimar el riesgo de inundación de nuestras casas, atendiendo al lugar en el que se encuentran.
Una reconstrucción y análisis de las causas de la tragedia, y un repaso por las medidas necesarias para evitar sucesos similares.
La responsabilidad del desastre socioambiental de Rio Grande do Sul no es sólo del agua y del clima. También es consecuencia del modelo de desarrollo económico, que ha relegado a un segundo plano la planificación medioambiental.
Las grandes inundaciones en el desierto de Atacama, en Chile, aunque muy escasas, son un fenómeno que se repite desde hace siglos, antes de que el cambio climático amenazara nuestro planeta.
Tanto la falta como el exceso de lluvias acentúan los problemas de acceso al agua potable, salubridad y seguridad alimentaria de las regiones más vulnerables del planeta. Desarrollar sistemas de alerta temprana es fundamental para reducir su impacto.
La población humana se ha duplicado en 48 años, y el empeoramiento del cambio climático ha hecho que el mundo se enfrente a graves riesgos sanitarios, desde las enfermedades infecciosas hasta el hambre y el estrés térmico.
Los desastres se definen por la interacción entre un fenómeno físico y las vulnerabilidades de la población afectada. Por eso, la educación y el desarrollo social son decisivos para prevenirlos.
Una serie de herramientas permiten predecir el riesgo de que ocurra un fenómeno climático extremo y las condiciones de humedad del suelo para planificar los cultivos y estimar pérdidas.
Los hidrólogos no están satisfechos con los modelos de predicción de avenidas ni con la capacidad de estas herramientas para predecir la evolución de los fenómenos hidrológicos.
Necesitamos una nueva cultura del agua y del territorio para prevenir las avenidas. Son evitables: la clave está en una gestión regional acorde a los ríos y los sistemas hidráulicos.
Aumenta la evidencia de que, a medida que el clima se calienta, la cantidad de precipitación de las fuertes tormentas está aumentando, especialmente en el centro y este de Estados Unidos.
Frente a la creciente intensidad de los huracanes como el Ida, necesitamos reducir las emisiones de efecto invernadero, desarrollar protocolos de actuación y rediseñar las ciudades.
Si bien el calentamiento global está aumentando la intensidad de fenómenos meteorológicos extremos, otros factores como la pérdida de vidas y los daños económicos determinan cómo percibimos su gravedad.



















