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Evitar ahogamientos implica mucho más que saber flotar. Ofrecemos siete pautas para lograr una competencia acuática más completa que salve vidas.
Bañarse en piscinas y parques acuáticos aumenta el riesgo de contraer criptosporidiosis, una infección debida a un parásito intestinal que provoca diarreas líquidas. Y que lejos de disminuir, ha estado creciendo en Europa y España en los últimos años.
La sensación de bienestar que nos genera un baño en el mar tiene una explicación científica.
Bastan 0,14 gramos de materia fecal, una cantidad similar a unos pocos granos de arena, para contaminar una piscina con ‘Escherichia coli’ y tener que cerrarla de inmediato. Y no es el único microorganismo capaz de contaminar las aguas de baño.
Las zonas de baño de ríos, lagos y lagunas, cuyas aguas pasan controles para asegurar su calidad, son también ecosistemas que debemos preservar.
El hipoclorito sódico reacciona con la materia orgánica en el agua dando lugar a subproductos que pueden ser nocivos para la salud y provocar desde irritación de ojos a infección de oído, pasando por problemas respiratorios.
Incidir en la educación sobre la cultura acuática desde edades tempranas, así como en medidas preventivas de ámbito nacional e internacional reduciría el número de muertes por ahogamiento en el mundo.
Antes de instalar una piscina portátil, conviene tener en cuenta las características del edificio y tomar precauciones para evitar daños en la estructura y perjuicios para otros vecinos.
En actividades recreativas, la infección por SARS-CoV-2 por contacto con el agua para el baño es muy poco probable. La pega es que suele implicar una pérdida de las medidas de distanciamiento social.








