Articles on precios
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Ahora que el BCE se prepara para subir tipos vale la pena recordar que la política monetaria no puede bajar los precios de la energía, pero sí debe identificar cuándo empiezan a desbordarse hacia una inflación generalizada.
La seguridad alimentaria no depende únicamente de producir alimentos. También depende de la capacidad para mantener funcionando una compleja red de energía, transporte, fertilizantes, tecnología o comercio.
Aunque desde abril el petróleo Brent ha caído de 138 a 89 dólares, el gasóleo roza los 1,80 €/l y un transportista autónomo paga un 29 % más que en febrero. La guerra ha inutilizado buena parte de la capacidad mundial de producción de combustible.
Los palcos VIP no son nuevos: en el año 194 a.e.c. Roma decidió que las primeras filas de asientos estarían reservadas para los senadores, la élite política y económica de Roma. La medida no fue bien recibida.
Como casi todo lo que consumimos necesita energía para ser fabricado y transportado, el aumento del petróleo acaba trasladándose al precio final de los alimentos, la ropa o la tecnología, y las familias tienen que asumir ese sobreprecio.
Las grandes empresas del café pueden diversificar el riesgo climático, negociar precios y protegerse de la volatilidad de los mercados pero los pequeños productores afrontan todas estas amenazas sin apenas margen financiero.
La crisis energética no solo afecta al precio y suministro de los combustibles. También amenaza a la producción de fertilizantes, esenciales para la seguridad alimentaria, y de helio, un elemento crítico en la fabricación de chips.
El tablero petrolero mundial está cambiando: la tensión en Oriente Medio amenaza el suministro de crudo mientras la OPEP se fractura. La situación eleva el riesgo de precios disparados y escasez en la oferta.
Hace ya un año del apagón ibérico. El cero eléctrico del 28 de abril de 2025 ha tenido un impacto económico de 1.600 millones de euros, que ha repercutido en la factura eléctrica de los consumidores españoles.
Lo que los mercados y los medios llaman “precio del petróleo” oculta la brecha entre los precios que se negocian en los mercados financieros y los que pagan las refinerías. En plena crisis del estrecho de Ormuz esta diferencia ha alcanzado niveles históricos.
En el mercado de los combustibles fósiles cada actor busca eliminar la incertidumbre de su cuenta de resultados: el productor asegura su rentabilidad, la refinería protege su margen y las aerolíneas estabilizan sus costes.
Los precios de la gasolina y el diésel no reflejan únicamente el coste del petróleo. También incorporan lo que podríamos llamar el precio de la incertidumbre.
En 2026, geopolítica y geoeconomía van de la mano. Marzo comenzó con otro conflicto: la guerra contra Irán lanzada por Estados Unidos e Israel con el fin de deponer el régimen de los ayatolás. Con esta…
La guerra en Oriente Medio entre Israel-EE. UU. e Irán tiene un elemento diferencial que, en el largo plazo, va a incidir negativamente sobre la economía mundial: la destrucción de las infraestructuras petroleras.
La IAE saca al mercado un tercio de sus reservas estratégicas para controlar los precios del petróleo, pero el mercado lo lee como que posiblemente el riesgo de ruptura del suministro de hidrocarburos sea mayor del que reflejaba un barril a 90 dólares.
La subida de los precios del petróleo por la guera en Irán pone a Europa, muy dependiente de las exportaciones energéticas, en riesgo de recesión. Pero este escenario puede servir para impulsar el desarrollo de las energías renovables.
Aunque el petróleo ya no domine la economía mundial, cuando sus precios suben influyen directamente en los de la gasolina, el diésel, el combustible de aviación y marítimo, afectando el coste del transporte y la producción de todo, desde alimentos hasta productos manufacturados.
En 2026 cambia la factura de la luz para los clientes del mercado regulado. Se reduce la volatilidad al dar mayor peso en el cálculo de la factura a los precios del mercado eléctrico a plazos: mensual, trimestral y anual.
La inflación emocional persiste pese a que baje el coste de la vida. Se alimenta de la memoria de subidas acumuladas y se refuerza cada vez que manejamos los precios de los bienes esenciales (alimentos, energía, vivienda).
Del caso Trump–Powell podemos extraer una lección clave: los bancos centrales no deben ceder ante las presiones del poder político. Su independencia es un pilar esencial a proteger.



















