Articles on móviles
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Más de la mitad de los adolescentes utiliza el móvil entre medianoche y las cuatro de la madrugada. La hiperconexión está transformando la noche en una extensión de la vida social.
Usar el móvil en clase o cuando estamos estudiando no solo limita nuestra capacidad de atención: crea un círculo vicioso de malestar psicológico que nos hace depender más de él.
En España se prohíbe el móvil en clase, pero las investigaciones muestran que no basta: la formación docente para regular su uso pedagógico marca la verdadera diferencia en el rendimiento.
La Gobierno estadounidense ha eliminado de la página web de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) todas las secciones que descartaban la vinculación del uso frecuente del móvil con problemas de salud.
Un estudio realizado con casi 50.000 policías británicos durante más de una década deja un mensaje tranquilizador: el uso de radios de emergencia no supone un riesgo relevante para la salud.
Cuando alguien pone en nuestras manos un móvil, nos ofrece un aparato donde involuntariamente perdemos la noción del tiempo, donde los algoritmos tienden a amplificar mensajes polarizados y desinformativos, donde uno de cada diez adolescentes sufre ciberacoso y las desigualdades se acentúan.
El SMS resiste a la era WhatsApp. Más de tres décadas después, analizamos este éxito accidental: de conectar a una generación a blindar hoy nuestra seguridad.
Un nuevo estudio pone de relieve la frecuencia del uso del móvil como “niñera digital” en los restaurantes, lo que puede tener efectos nocivos en la alimentación y la salud de los menores.
Usar un teléfono inteligente no es muy diferente a tener piojos: tiene un coste.
Algunos niños “nativos digitales” son más responsables que otros usando las pantallas, pero existen grandes variaciones entre países.
Un estudio identifica seis tipos de usuarios de móvil en función de cómo lo utilizan, con diferentes implicaciones en el bienestar psicológico.
Todos nos enfrentamos a los mecanismos que utilizan las plataformas para incitarnos a permanecer conectados. ¿Cómo podemos mantener el control sobre nuestro tiempo digital? Los adolescentes tienen sus propias estrategias.
El uso de móviles en las escuelas está prohibido o limitado de numerosos países, pero podrían ser herramientas pedagógicas valiosas si se emplean responsablemente por alumnos y profesores.
La mayoría de niñas y niños de 9 años usan más de una hora al día el móvil de sus padres si no tienen móvil propio. Los riesgos siguen ahí, y a menudo sin las precauciones imprescindibles.
La irrupción del Macintosh hace 40 años inició una revolución no solo informática sino también sociológica, empresarial y cultural.
Las investigaciones en la ciencia del comportamiento abogan por un término medio entre la prohibición de las pantallas y la libertad absoluta. En esta estrategia, la supervisión de las familias resulta decisiva.
Los niños no aprenden a socializar solamente a través de su entorno real. Los contenidos digitales son tan abundantes, inmediatos y sin filtros que rompen el proceso natural de comprensión del mundo.
En internet también somos padres y madres: acordar con nuestros hijos qué tipo de supervisión haremos, evitar el acceso ilimitado a las redes e internet y respetar su intimidad son las claves.
Desde el punto de vista de la neurociencia, varios obstáculos (metodológicos, de privacidad…) impiden saber con exactitud qué consecuencias acarrea el tiempo dedicado a las pantallas.
Nuestro teléfono móvil está diez veces más sucio que la tapa del váter. Y lo tocamos cientos o miles de veces al día sin que se nos pase por la cabeza lavarnos las manos después de hacerlo.



















