Articles on suelo
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Según los registros de la Agencia Estatal de Meteorología, el verano de 2026 ha sido el más cálido de la serie histórica española.
Existen diferentes estrategias para minimizar los efectos negativos relacionados con la erosión del suelo que se producen una vez apagadas las llamas, pero su aplicación todavía no está estandarizada.
El campo no es una simple fábrica donde entran semillas, fertilizante y agua y sale un producto. Se trata de un ecosistema complejo en el que el microbioma del suelo puede ser un aliado en la lucha contra las micotoxinas que pueden contaminar los alimentos.
La teledetección mediante satélites, aplicada con una ética de la tierra, permite que la enseñanza y protección del suelo no sea algo abstracto, sino un aprendizaje científico para preservar la vida.
Perder suelo significa perder capacidad productiva y biodiversidad. Esta es una de las consecuencias de los temporales, cuando coinciden una alta intensidad de lluvia con una baja capacidad de infiltración.
Los residuos plásticos son producidos en tierra firme, donde gran parte de ellos quedan atrapados, especialmente en las áreas agrícolas.
La agricultura es responsable de hasta el 80% de las emisiones humanas de óxido nitroso, un gas con un potencial de calentamiento global 300 veces superior al del dióxido de carbono.
Bacterias, hongos y arqueas son minúsculos habitantes de los suelos que los hacen fértiles. Descomponen la materia, fijan los nutrientes, protegen de plagas y hacen más seguro y sostenible el mundo agrario.
Normalmente, los cereales en la cuenca del Mediterráneo se siembran en otoño y se cosechan al final de la primavera, pero esto promueve la erosión del suelo. Emplear especies que no necesitan este ciclo anual ayuda a mejorar la salud y aumentar la biodiversidad del suelo.
Más de 50 000 especies viven exclusivamente bajo tierra, donde cumplen funciones clave para el planeta como la regulación del ciclo del carbono, la mitigación de gases de efecto invernadero y la provisión de agua dulce.
El 60% de los suelos en Europa están ya degradados. Urge implementar estrategias de recuperación para preservar su papel en el ciclo de nutrientes, secuestro de carbono, control de plagas o regulación del agua.
Hacer rentable la bioeconomía requerirá transitar hacia un uso del bosque mucho más intensivo y productivista que puede tener graves consecuencias para la degradación del suelo y la pérdida de su biodiversidad.
El lindano se empleó durante mucho tiempo para frenar el ataque de insectos a los cultivos, hasta que se detectaron sus efectos negativos en el medio ambiente y la salud humana y se prohibió su uso. Un nuevo compuesto permite eliminarlo del suelo.
Un análisis de 123 lugares repartidos por todos los continentes, incluida la Antártida, muestra que los musgos afectan a todas las funciones principales del suelo, imprescindibles para el sustento de la vida en la Tierra.
Incluso muerto, un árbol ayuda a otros a vivir.
Los fertilizantes, los pesticidas, los monocultivos, la compactación y la erosión alteran negativamente el suelo. El pastoreo, la rotación de cultivos y la adición de materia orgánica fomentan su biodiversidad.
Regenerar un suelo que ha sufrido desertificación es lento y costoso. Los esfuerzos deben dirigirse a la prevención, de la que todos somos responsables.
Los fitosanitarios ayudaron a mejorar la producción agrícola, pero estas sustancias perjudiciales para la salud y el medio ambiente acaban en la tierra, donde pueden permanecer mucho tiempo, incluso después de que dejen de aplicarse.
Una serie de herramientas permiten predecir el riesgo de que ocurra un fenómeno climático extremo y las condiciones de humedad del suelo para planificar los cultivos y estimar pérdidas.
El suelo es un ente vivo que cumple diversas funciones fundamentales para la subsistencia del ser humano.


















