Articles on juego
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En un mundo que empuja a estar quietos y conectados a la pantalla, moverse juntos y con propósito es una forma imprescindible de cuidado y prevención. ¿Cómo lo podemos recuperar y fomentar?
El inglés diferencia los términos ‘jugar’ de ‘apostar’, pero en español se usa sobre todo el primero, lo que lleva a demasiados equívocos.
El papel de los juguetes, y de los objetos, en el desarrollo cerebral infantil va mucho más allá del entretenimiento.
Pasar más tiempo cada día jugando y socializando no es perder tiempo de aprendizaje, es aprender mejor, siempre que los adultos entiendan su papel fundamental en estos espacios.
La naturaleza y el juego al aire libre ofrecen multitud de aprendizajes y beneficios: entre los 2 y los 6 años, las escuelas al aire libre pueden ser una alternativa beneficiosa.
En los próximos años el debate no estará en sí usamos o no tecnologías como los ‘chatbots’. La cuestión será cómo convivimos con ellas y qué tipo de experiencias se quieren construir en ese diálogo entre humanos y máquinas.
Cuando un niño se siente motrizmente competente se crea un círculo virtuoso que lo lleva a querer moverse más y a disfrutar más del movimiento. ¿Cómo convertirlo en un hábito?
Los humanos aprendemos jugando con otros humanos. ¿Qué pasa si dejamos de hacerlo?
Factores como la baja supervisión parental o la impulsividad predisponen a conductas adictivas con consecuencias perjudiciales para la salud de los jóvenes.
La naturaleza es básica para el desarrollo de aspectos tan fundamentales como la motricidad, la curiosidad, la imaginación e incluso el control del riesgo.
La riqueza en el juego de nuestros primos biológicos, los primates, es amplísima: hacen el avión, piruetas, cosquillas y malabares, e incluso cuidan de “muñecas”. Además, ponen una cara especial cuando juegan.
Cerca del 80% de los perros y el 40% de los gatos van a buscar la pelota instintivamente si se la lanzamos, según un nuevo estudio. La domesticación convirtió los métodos de caza de estos carnívoros en un juego.
No somos los únicos que jugamos. Lo hacen los monos, los simios e incluso las lagartijas. ¿De qué sirve?
Jugar es imprescindible en la etapa infantil para aprender a ser personas; en la adolescencia y edad adulta fomenta la socialización y en la vejez, evita la soledad no deseada y el deterioro cognitivo.
La industria de las apuestas no ha parado de crecer en España y los menores la alimentan en gran medida. Uno de cada tres adolescentes ya ha accedido al juego y más de 58 000 menores estarían en riesgo de ludopatía.
Jugar nos sirve durante la infancia para desarrollar todas las dimensiones humanas y entrenar para la vida. Pero hay un tipo de juego que los niños abandonan cada vez antes. ¿Con qué consecuencias?
El 70,5 % de los vascos ha apostado en el último año. Las mujeres tienden más a los juegos públicos como los de la lotería o la ONCE y los hombres tienden a jugar a la Primitiva y a apuestas deportivas. Entre los jóvenes, son los chicos los que más juegan.
Existen unas pautas sencillas que favorecen una buena relación paternofilial. Se basan en compartir experiencias de juego, pero evitando dirigir, regañar o instruir.
De una pantalla con tres puntos y una línea vertical hasta la realidad virtual. La Magnavox Odyssey cumple 40 años y, con ella, las consolas de videojuegos.
El juego patológico se da con más frecuencia entre hombres que entre mujeres, pero estas presentan mayores dificultades para el reconocimiento del problema y tienen un mayor estigma social, por lo que las cifras no llegan a ser fiables.


















