Articles on coches eléctricos
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Los taxis verticales asoman ya en nuestro futuro próximo como ‘solución tecnológica’ para la sostenibilidad de la vida urbana, pero ¿son realmente una solución?
Si Doc Brown (Christopher Allen Lloyd) tuviera que elegir hoy una fuente de energía para su DeLorean, ¿cuál elegiría?
Las mismas ayudas aplicadas a la adquisición de vehículos más sostenibles supondrían un avance hacia las reducciones de CO₂ a las que aspiramos.
Se están desarrollando nanotecnologías de autorreparación y materiales para reducir la degradación que provoca la carga y descarga. En el futuro tendremos baterías más duraderas.
Cada vez surgen más empleos verdes con la vista puesta en la sostenibilidad. El fin es bueno: se busca el equilibrio entre crecimiento económico, cuidado del medioambiente y bienestar social, pero implican nuevos y emergentes riesgos laborales para los trabajadores.
Aunque no emiten gases durante su uso, la huella de carbono del ciclo de vida de los coches eléctricos sigue siendo elevada debido a la fabricación de las baterías y su elevado peso.
Los vehículos eléctricos, los biocombustibles y los combustibles sintéticos de baja o nula huella de carbono y el hidrógeno tienen una menor huella de carbono que los combustibles tradicionales.
Los coche eléctricos, la iluminación LED y la generación fotovoltaica suponen un gran avance, pero si no se toman las precauciones necesarias, pueden tener impactos negativos en la red.
Distintas empresas están ya instalando estaciones de recarga en las carreteras. Pueden llegar a proporcionar a los vehículos entre 200 y 250 km de autonomía en menos de un cuarto de hora.
Sustituir los coches de combustión por eléctricos puede no suponer la reducción de emisiones esperada si no efectuamos otros cambios, como disminuir el número de vehículos particulares.
Los desplazamientos activos contribuyen a atajar la crisis climática más que los vehículos eléctricos, incluso si se cambia el coche por la bicicleta para un solo viaje al día.
La nueva norma prevé un cambio de los vehículos de combustión por eléctricos. Pero si la cantidad de coches es la misma (o mayor), supondrán un enorme gasto de energía y recursos.
La pandemia y el confinamiento nos han hecho replantearnos el funcionamiento de nuestras ciudades. Más allá de las necesarias transformaciones estructurales, aún existen obstáculos que impiden poner en marcha las reformas que parecían más fácilmente realizables.
La inversión en energía renovable y la promoción de vehículos eléctricos no son suficientes para limitar el calentamiento global. Necesitamos un cambio socioeconómico que no podemos demorar más.
Si queremos alcanzar una movilidad eficiente y sostenible, debemos desarrollar procesos de reutilización y reciclado de baterías para evitar la creciente acumulación de residuos tecnológicos.
La falta de cargadores, su limitada autonomía y la escasa rentabilidad de los servicios de ‘car sharing’ en las ciudades pequeñas lastran la implantación definitiva de la movilidad eléctrica.
Factores como su alto precio, todavía insuficiente autonomía y la dificultad y tiempo de recarga continúan frenando el avance del coche eléctrico.
Las baterías de plomo, utilizadas en los primeros coches eléctricos, son demasiado pesadas: la ligereza del combustible derivado del petróleo lo convirtió en la opción prioritaria durante el siglo XX.
Los programas electorales de los distintos partidos para las autonómicas y municipales plantean medidas relacionadas con el vehículo eléctrico, los coches de combustión y la movilidad ciclista.
Los vehículos impulsados por energías más limpias sustituirán a los actuales, pero sus componentes también deben ser reutilizados si queremos que sean sostenibles.



















